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Compromiso de Cooperativismo con el desarrollo
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Compromiso de Cooperativismo con el desarrollo
En la última parte de su famoso libro La Doctrina Cooperativa, Paul Lambert aseguraba que no sólo la vida económica y social sería transformada por la potencia del espíritu cooperativo sino que también el propio hombre debía ser transformado. Desde entonces, ha sido recurrente en el movimiento cooperativo mundial que su mayor afán es conquistar la economía y la sociedad, creando los medios necesarios para asegurar los satisfactores para la vida. Pero esta perspectiva tiene una condición básica: asegurar la existencia de una cooperativa, implica la conexión o interdependencia de ésta con las demás.
Esto es, las cooperativas para poder sobrevivir en un mundo que les es adverso y que pugna por subordinarlas y para mantener vivo el ideal de conquista, necesitan de su federalización (en el sentido de unificar esfuerzos partiendo de reconocer sus semejanzas) y de adelantar procesos de concentración económica.
Las primeras experiencias de organización cooperativa en el mundo pretendieron crear redes intercooperativas con el objeto de vencer la fuerza de los intermediarios: ese fue el ideal de sus precursores y de los pioneros de sus primeras experiencias exitosas.
Es el hecho mismo de encontrarse conviviendo con sectores económicos que le compiten y que buscan subordinarle, el que motiva al movimiento cooperativo para adoptar la forma de integraciones económicas y sociales, con el fin de sobrevivir. De lo contrario, las unidades económicas del cooperativismo sólo serían mecanismos complementarios y de intermediación de las operaciones nacidas y controladas por otros sectores económicos. Para expandir la utopía cooperativista y perpetuarse, el movimiento debe ser uno, debe actuar como un sistema.
Aunque se pueden formular diversas pautas que orienten esa formación de sistema, la principal de ellas se concibe como el entendimiento de que el desarrollo, como concepto aceptado universalmente, está directamente entrelazado con los ideales del cooperativismo.
El cooperativismo y el desarrollo son categorías inseparables y siempre aparecerán ligadas, en mayor o menor grado, cuando se trate de avanzar a una fase superior del primero.
El desarrollo del cooperativismo y de sus partes (las cooperativas) también se encuentra ligado al desarrollo en sentido general, entendido en sus cuatro dimensiones básicas: territorial, económico, humano y sostenible.
Hoy es ampliamente aceptado el punto de vista de que desarrollo y necesidades humanas son componentes de una ecuación irreductible y que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. De ahí que el desarrollo sólo pueda ser medido en términos de calidad de vida de los individuos y las colectividades, buscando una sociedad democrática con ciudadanos libres y prósperos. Y esto es obvio, ya que ante la presencia de un crecimiento económico que no resuelva lo social, no redistribuya el ingreso y no fortalezca la democracia no se podría hablar de desarrollo. Pero, es necesario advertir, sin crecimiento económico y mayor productividad tampoco es posible reducir los desequilibrios sociales y afianzar la democracia. En consecuencia, el desarrollo auténtico requiere de encontrar alternativas capaces de enfrentar los retos del bienestar general.
Hay básicamente dos condiciones para asumir concientemente estas apuestas. De un lado, debe entenderse que el cooperativismo es un movimiento autónomo e independiente, que ha de actuar de tal manera para enfrentar con certeza las amenazas y oportunidades del medio ambiente. En Colombia, durante décadas se ha andado a la zaga de las propuestas del Estado o de los gobiernos de turno; a la zaga de los lineamientos estratégicos que se trazan desde fuera del movimiento. Autonomía e independencia significa trazarse los propios rumbos: ésta es una tarea del momento para el cooperativismo colombiano. Del otro lado, el cooperativismo debe asumir posición frente a los retos del desarrollo territorial, precisando propuestas que puedan concertarse con las demás fuerzas sociales.
Sin embargo, para lograr ser protagónicos en la construcción de una sociedad más justa hay que orientar el propio desarrollo del cooperativismo, potenciando actividades productivas cooperativizadas, tarea que de manera especial se le otorga al cooperativismo de producción y trabajo Y la única manera de posibilitar este propósito, es adelantando un proceso de intercooperación efectivo.
Si el cooperativismo pretende insuflar unos valores y métodos de operación, con los cuales incidir en el desarrollo económico, social y territorial, tiene que hacer grandes esfuerzos por desarrollar su propia estructura ideológica, social y económica.
Proceso que implica, primariamente, conciencia de integración; y si hablamos de conciencia, hablamos de educación. Es por esta razón que la sobrevivencia del cooperativismo y de sus ideales depende de la educación: de su regla de oro. De ahí que hacer posible el desarrollo comienza con un amplio ejercicio educativo en todos los niveles. Si hay compromiso con la educación habrá conciencia del desarrollo y de intercooperación, rompiendo el círculo vicioso del individualismo y el aislamiento.
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Compromiso de Cooperativismo con el desarrollo
En la última parte de su famoso libro La Doctrina Cooperativa, Paul Lambert aseguraba que no sólo la vida económica y social sería transformada por la potencia del espíritu cooperativo sino que también el propio hombre debía ser transformado. Desde entonces, ha sido recurrente en el movimiento cooperativo mundial que su mayor afán es conquistar la economía y la sociedad, creando los medios necesarios para asegurar los satisfactores para la vida. Pero esta perspectiva tiene una condición básica: asegurar la existencia de una cooperativa, implica la conexión o interdependencia de ésta con las demás.
Esto es, las cooperativas para poder sobrevivir en un mundo que les es adverso y que pugna por subordinarlas y para mantener vivo el ideal de conquista, necesitan de su federalización (en el sentido de unificar esfuerzos partiendo de reconocer sus semejanzas) y de adelantar procesos de concentración económica.
Las primeras experiencias de organización cooperativa en el mundo pretendieron crear redes intercooperativas con el objeto de vencer la fuerza de los intermediarios: ese fue el ideal de sus precursores y de los pioneros de sus primeras experiencias exitosas.
Es el hecho mismo de encontrarse conviviendo con sectores económicos que le compiten y que buscan subordinarle, el que motiva al movimiento cooperativo para adoptar la forma de integraciones económicas y sociales, con el fin de sobrevivir. De lo contrario, las unidades económicas del cooperativismo sólo serían mecanismos complementarios y de intermediación de las operaciones nacidas y controladas por otros sectores económicos. Para expandir la utopía cooperativista y perpetuarse, el movimiento debe ser uno, debe actuar como un sistema.
Aunque se pueden formular diversas pautas que orienten esa formación de sistema, la principal de ellas se concibe como el entendimiento de que el desarrollo, como concepto aceptado universalmente, está directamente entrelazado con los ideales del cooperativismo.
El cooperativismo y el desarrollo son categorías inseparables y siempre aparecerán ligadas, en mayor o menor grado, cuando se trate de avanzar a una fase superior del primero.
El desarrollo del cooperativismo y de sus partes (las cooperativas) también se encuentra ligado al desarrollo en sentido general, entendido en sus cuatro dimensiones básicas: territorial, económico, humano y sostenible.
Hoy es ampliamente aceptado el punto de vista de que desarrollo y necesidades humanas son componentes de una ecuación irreductible y que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. De ahí que el desarrollo sólo pueda ser medido en términos de calidad de vida de los individuos y las colectividades, buscando una sociedad democrática con ciudadanos libres y prósperos. Y esto es obvio, ya que ante la presencia de un crecimiento económico que no resuelva lo social, no redistribuya el ingreso y no fortalezca la democracia no se podría hablar de desarrollo. Pero, es necesario advertir, sin crecimiento económico y mayor productividad tampoco es posible reducir los desequilibrios sociales y afianzar la democracia. En consecuencia, el desarrollo auténtico requiere de encontrar alternativas capaces de enfrentar los retos del bienestar general.
Hay básicamente dos condiciones para asumir concientemente estas apuestas. De un lado, debe entenderse que el cooperativismo es un movimiento autónomo e independiente, que ha de actuar de tal manera para enfrentar con certeza las amenazas y oportunidades del medio ambiente. En Colombia, durante décadas se ha andado a la zaga de las propuestas del Estado o de los gobiernos de turno; a la zaga de los lineamientos estratégicos que se trazan desde fuera del movimiento. Autonomía e independencia significa trazarse los propios rumbos: ésta es una tarea del momento para el cooperativismo colombiano. Del otro lado, el cooperativismo debe asumir posición frente a los retos del desarrollo territorial, precisando propuestas que puedan concertarse con las demás fuerzas sociales.
Sin embargo, para lograr ser protagónicos en la construcción de una sociedad más justa hay que orientar el propio desarrollo del cooperativismo, potenciando actividades productivas cooperativizadas, tarea que de manera especial se le otorga al cooperativismo de producción y trabajo Y la única manera de posibilitar este propósito, es adelantando un proceso de intercooperación efectivo.
Si el cooperativismo pretende insuflar unos valores y métodos de operación, con los cuales incidir en el desarrollo económico, social y territorial, tiene que hacer grandes esfuerzos por desarrollar su propia estructura ideológica, social y económica.
Proceso que implica, primariamente, conciencia de integración; y si hablamos de conciencia, hablamos de educación. Es por esta razón que la sobrevivencia del cooperativismo y de sus ideales depende de la educación: de su regla de oro. De ahí que hacer posible el desarrollo comienza con un amplio ejercicio educativo en todos los niveles. Si hay compromiso con la educación habrá conciencia del desarrollo y de intercooperación, rompiendo el círculo vicioso del individualismo y el aislamiento.
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