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El Cooperativismo y el Sindicalismo
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El Cooperativismo y el Sindicalismo
Las relaciones de trabajo en la era de la globalización resultan complejas y se pueden analizar desde varios enfoques.
Desde la perspectiva del sindicalismo, estas relaciones se presentan totalmente desfavorables para los trabajadores, marcadas por un incremento de la explotación del trabajo, una disminución en las garantías laborales y un retroceso de sus organizaciones de defensa.
Desde un enfoque puramente empresarial y neoliberal, se considera que las relaciones de trabajo transitan favorablemente hacia un proceso de racionalización determinado por el mercado, gracias al paulatino desmoronamiento del Estado centralizado e intervencionista; en consecuencia, para esta posición, el debilitamiento de los sindicatos es visto de modo positivo, ya que éstos y su poder negociador forman parte de las fuerzas que impiden el libre juego de la oferta y la demanda en el campo laboral, generando un conjunto de distorsiones en los salarios.
Un último punto de vista, menos ideologizado y más racionalista, se sostiene en que el trabajo se ha transformado como consecuencia del impacto que tienen las tecnologías informacionales y comunicacionales en las relaciones de trabajo. A la luz de esta perspectiva, las organizaciones sindicales pierden significado, ya que la tendencia global es hacia la desterritorialización y desconcentración del trabajo.
Igualmente, se originan una serie de fenómenos nuevos entre el trabajador y su "labor", que generalmente se cumple en el sector servicios, vinculándolo a redes comunicacionales, en las que predominan relaciones de cooperación e interacción social definidas por los procesos funcionales.
En cualquiera de los casos, nos encontramos ante posiciones que afectan las relaciones de hermandad y conducen a dificultades entre los movimientos sindical y cooperativo, ya que en el centro de las nuevas formas de trabajo se ofrece la alternativa de cooperativismo de trabajo asociado.
Para entender un poco ese fenómeno de conflicto entre estas fuerzas organizativas de los trabajadores, es necesario realizar algunas precisiones históricas acerca de su relación.
Este tema no ha sido extraño a los debates que se han suscitado en el seno del cooperativismo mundial. Desde antes de la formación de la Alianza Cooperativa Internacional y durante sus primeros congresos internacionales, se presentaron variadas discusiones acerca de las relaciones entre el sindicalismo y el cooperativismo.
Y era obvio, ya que por entonces predominaban las cooperativas de consumo, las cuales estaban integradas principalmente por trabajadores asalariados y eran impulsadas por sus organizaciones sindicales; proceso que se replicó en muchas partes del mundo y también en Colombia.
Las cooperativas de consumo se observaban como un complemento de la acción sindical, para el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Así las cosas, los sindicatos buscaban obtener un salario más justo y unas mayores garantías laborales; las cooperativas se constituían para posibilitar el acceso a bienes y servicios en condiciones menos onerosas que las ofrecidas por el mercado capitalista. Se estableció una especie de simbiosis entre ambas formas de organización de los trabajadores.
Desde el mundo del trabajo, Paul Lambert, ideólogo del cooperativismo francés, expresaba que la organización cooperativa respondía, desde una visión política, a dos situaciones respecto de la vida de los trabajadores: la sujeción al capital y la deficiente remuneración. De un lado, sobre todo las cooperativas de producción y trabajo, realizan un ejercicio de emancipación frente al capital al asumir los trabajadores la autogestión en la producción; del otro, la liberalización de las cadenas del capital permitía un mejoramiento del ingreso por el trabajo o un retorno final por la menor remuneración percibida en el ejercicio económico. En todo caso, la cooperativa debía contribuir a mejorar la condición de vida del trabajador y a eliminar los conflictos en el proceso productivo.
Bajo el entendimiento de las anteriores afirmaciones, los movimientos cooperativo y sindical mantuvieron una estrecha relación durante décadas. En muchos casos el sindicalismo abría camino para que los trabajadores formaran y engrosaran las filas de las cooperativas; en otros, las cooperativas sostenían a los sindicatos en situaciones de conflicto.
El movimiento cooperativo desarrolló un complejo empresarial conforme a los ideales de sus miembros (los cuales coincidían con los ideales de sus organizaciones de defensa). Se forjó así, allí donde ha sido exitoso el modelo cooperativo, un poderoso movimiento que ha incidido definitivamente en la vida económica de los territorios. |
El Cooperativismo y el Sindicalismo
Las relaciones de trabajo en la era de la globalización resultan complejas y se pueden analizar desde varios enfoques.
Desde la perspectiva del sindicalismo, estas relaciones se presentan totalmente desfavorables para los trabajadores, marcadas por un incremento de la explotación del trabajo, una disminución en las garantías laborales y un retroceso de sus organizaciones de defensa.
Desde un enfoque puramente empresarial y neoliberal, se considera que las relaciones de trabajo transitan favorablemente hacia un proceso de racionalización determinado por el mercado, gracias al paulatino desmoronamiento del Estado centralizado e intervencionista; en consecuencia, para esta posición, el debilitamiento de los sindicatos es visto de modo positivo, ya que éstos y su poder negociador forman parte de las fuerzas que impiden el libre juego de la oferta y la demanda en el campo laboral, generando un conjunto de distorsiones en los salarios.
Un último punto de vista, menos ideologizado y más racionalista, se sostiene en que el trabajo se ha transformado como consecuencia del impacto que tienen las tecnologías informacionales y comunicacionales en las relaciones de trabajo. A la luz de esta perspectiva, las organizaciones sindicales pierden significado, ya que la tendencia global es hacia la desterritorialización y desconcentración del trabajo.
Igualmente, se originan una serie de fenómenos nuevos entre el trabajador y su "labor", que generalmente se cumple en el sector servicios, vinculándolo a redes comunicacionales, en las que predominan relaciones de cooperación e interacción social definidas por los procesos funcionales.
En cualquiera de los casos, nos encontramos ante posiciones que afectan las relaciones de hermandad y conducen a dificultades entre los movimientos sindical y cooperativo, ya que en el centro de las nuevas formas de trabajo se ofrece la alternativa de cooperativismo de trabajo asociado.
Para entender un poco ese fenómeno de conflicto entre estas fuerzas organizativas de los trabajadores, es necesario realizar algunas precisiones históricas acerca de su relación.
Este tema no ha sido extraño a los debates que se han suscitado en el seno del cooperativismo mundial. Desde antes de la formación de la Alianza Cooperativa Internacional y durante sus primeros congresos internacionales, se presentaron variadas discusiones acerca de las relaciones entre el sindicalismo y el cooperativismo.
Y era obvio, ya que por entonces predominaban las cooperativas de consumo, las cuales estaban integradas principalmente por trabajadores asalariados y eran impulsadas por sus organizaciones sindicales; proceso que se replicó en muchas partes del mundo y también en Colombia.
Las cooperativas de consumo se observaban como un complemento de la acción sindical, para el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Así las cosas, los sindicatos buscaban obtener un salario más justo y unas mayores garantías laborales; las cooperativas se constituían para posibilitar el acceso a bienes y servicios en condiciones menos onerosas que las ofrecidas por el mercado capitalista. Se estableció una especie de simbiosis entre ambas formas de organización de los trabajadores.
Desde el mundo del trabajo, Paul Lambert, ideólogo del cooperativismo francés, expresaba que la organización cooperativa respondía, desde una visión política, a dos situaciones respecto de la vida de los trabajadores: la sujeción al capital y la deficiente remuneración. De un lado, sobre todo las cooperativas de producción y trabajo, realizan un ejercicio de emancipación frente al capital al asumir los trabajadores la autogestión en la producción; del otro, la liberalización de las cadenas del capital permitía un mejoramiento del ingreso por el trabajo o un retorno final por la menor remuneración percibida en el ejercicio económico. En todo caso, la cooperativa debía contribuir a mejorar la condición de vida del trabajador y a eliminar los conflictos en el proceso productivo.
Bajo el entendimiento de las anteriores afirmaciones, los movimientos cooperativo y sindical mantuvieron una estrecha relación durante décadas. En muchos casos el sindicalismo abría camino para que los trabajadores formaran y engrosaran las filas de las cooperativas; en otros, las cooperativas sostenían a los sindicatos en situaciones de conflicto.
El movimiento cooperativo desarrolló un complejo empresarial conforme a los ideales de sus miembros (los cuales coincidían con los ideales de sus organizaciones de defensa). Se forjó así, allí donde ha sido exitoso el modelo cooperativo, un poderoso movimiento que ha incidido definitivamente en la vida económica de los territorios. |
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