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El trabajo creador de riqueza

 

El trabajo generador de riqueza
Mayo 10 de 2010

La economía cooperativa manifiesta una forma particular de combinación de los diferentes factores que intervienen en el proceso de producción.

Esa particularidad hace posible que los factores que se colocan como protagonistas sean el Trabajo y la Comunidad, entendiéndolos como energías transformadoras que se ponen en acción para generar un bien o un servicio. Esto quiere decir que (en una cooperativa, por ejemplo) la fuerza generadora de riqueza no es el capital, ni los medios materiales, ni la tecnología, ni la capacidad gerencial, sino la combinación del trabajo humano con los métodos de la cooperación.

Los cooperativistas tenemos que dejar muy claramente entendido este concepto, porque de ello depende el comprender íntegramente nuestros métodos de acción y la diferenciación respecto de otras formas empresariales y de otras alternativas económicas.

En primer lugar hay que entender que una cooperativa, cualquier otra unidad empresarial o la economía como sistema, tienen como propósito central la formación de riquezas a través de un proyecto productivo. Se trata, primeramente, de dar un uso a la naturaleza, mediante su transformación en bienes que puedan satisfacer necesidades; pero también se trata de dar un uso a los conocimientos humanos, mediante su transformación en servicios.
La empresa y la economía, en un orden natural, se crean y se desarrollan para generar satisfactores a las necesidades propias de los seres humanos. Para ello se utilizan los recursos naturales a nuestro alcance y el acumulado de conocimientos, siendo ellos la fuente universal y variada que utilizamos para producir los bienes y servicios requeridos para satisfacer las necesidades.
Pero la naturaleza y el conocimiento no proveen por sí mismos los medios para satisfacer grandes número de necesidades. Por muchos frutos de la tierra que estén en nuestro entorno o por muchas teorías que concurran en nuestro cerebro, sino trabajamos por adquirirlos o ponerlos a nuestro servicio, no habrá modo de crear riqueza. Los seres humanos establecemos métodos para la transformación de los recursos, utilizando diversidad de medios técnicos y aplicando nuestra capacidad de trabajo. De modo que el trabajo se convierte en una energía que aplicamos a la producción de bienes y servicios.

Y el trabajo, entendido en la dimensión humana, requiere, en mayor o menor grado, el concurso de la fuerza muscular y de la inteligencia. Cuando esta última interviene de manera muy moderada y complementaria, al trabajo se le denomina físico; y cuando la fuerza física no es lo esencial en el proceso productivo, le denominamos trabajo intelectual. Hoy en día, por la presencia en la producción de grandes desarrollos tecnológicos, la mayoría de nuestras energías se aplican al trabajo intelectual.
El trabajo es una ley universal de la vida y también se ha constituido en uno de los valores fundamentales de la dignidad humana. El trabajo es liberador respecto de las cadenas que impone la naturaleza, y conduce a los seres humanos por el camino de su independencia y de la relación con los demás. Con el trabajo los individuos se integran a la sociedad, al hacerse socialmente productivos.

Pero, lo que se produce tiene una determinada finalidad, un propósito y un valor.
¿De dónde sale el valor final de un producto? ¿De dónde sale la riqueza generada en el cambio de ese producto? El valor económico de un producto no se genera en el mercado, como la mayoría de las personas piensan. El valor económico se genera en el proceso de producción, en el cual interviene la energía humana para dar un nuevo valor a los factores intervinientes. Por tanto, el valor económico lo otorga el proceso de trabajo.

En el mundo de hoy, cualquier bien, cualquier producto, ha sido generado por el trabajo; esto es, mediante la intervención del ser humano en el proceso de producción. Todo trabajo útil presupone gasto de energías humanas, y el valor de estas energías, sumadas a los valores parciales de los demás elementos que intervienen en el proceso de producción, totalizan el valor del producto. De ahí que cuando el producto se inserta en el mercado y adquiere un precio, se produce un excedente económico.

El excedente económico es, pues, la proporción de la riqueza. Se genera por el menor valor pagado a la energía humana durante un determinado lapso de tiempo. En consecuencia, la riqueza no es más que el producto del trabajo humano. En la economía capitalista, la riqueza no es más que el resultado de la explotación del asalariado, porque el excedente económico es apropiado por quien posee el capital. En la economía cooperativa, la riqueza es el resultado del trabajo mancomunado y, por tanto, ha de ser apropiada por sus generadores.

El destino final del excedente económico ha sido el centro del debate social y político de los dos últimos siglos; las grandes divisiones y los más enconados conflictos entre los seres humanos se han producido en la puja por poseer el excedente económico. El cooperativismo de trabajo asociado se ha entendido como un medio de pacificación y de eliminación de conflictos, porque hace que la riqueza vuelva a su fuente de origen: los trabajadores.

Ahora que se presentan tantos detractores del modelo de trabajo asociado en Colombia, con propuestas como la de su eliminación del ordenamiento jurídico nacional, habrá que responderlas desde la ciencia económica, recordándoles que el cooperativismo es una fuente de justicia y de paz, y que los trabajadores –una vez entendida la verdadera dimensión de su esfuerzo- no se echarán atrás porque habrán redescubierto que son los verdaderos creadores de la riqueza de las naciones.

 

El trabajo generador de riqueza
Mayo 10 de 2010

La economía cooperativa manifiesta una forma particular de combinación de los diferentes factores que intervienen en el proceso de producción.

Esa particularidad hace posible que los factores que se colocan como protagonistas sean el Trabajo y la Comunidad, entendiéndolos como energías transformadoras que se ponen en acción para generar un bien o un servicio. Esto quiere decir que (en una cooperativa, por ejemplo) la fuerza generadora de riqueza no es el capital, ni los medios materiales, ni la tecnología, ni la capacidad gerencial, sino la combinación del trabajo humano con los métodos de la cooperación.

Los cooperativistas tenemos que dejar muy claramente entendido este concepto, porque de ello depende el comprender íntegramente nuestros métodos de acción y la diferenciación respecto de otras formas empresariales y de otras alternativas económicas.

En primer lugar hay que entender que una cooperativa, cualquier otra unidad empresarial o la economía como sistema, tienen como propósito central la formación de riquezas a través de un proyecto productivo. Se trata, primeramente, de dar un uso a la naturaleza, mediante su transformación en bienes que puedan satisfacer necesidades; pero también se trata de dar un uso a los conocimientos humanos, mediante su transformación en servicios.
La empresa y la economía, en un orden natural, se crean y se desarrollan para generar satisfactores a las necesidades propias de los seres humanos. Para ello se utilizan los recursos naturales a nuestro alcance y el acumulado de conocimientos, siendo ellos la fuente universal y variada que utilizamos para producir los bienes y servicios requeridos para satisfacer las necesidades.
Pero la naturaleza y el conocimiento no proveen por sí mismos los medios para satisfacer grandes número de necesidades. Por muchos frutos de la tierra que estén en nuestro entorno o por muchas teorías que concurran en nuestro cerebro, sino trabajamos por adquirirlos o ponerlos a nuestro servicio, no habrá modo de crear riqueza. Los seres humanos establecemos métodos para la transformación de los recursos, utilizando diversidad de medios técnicos y aplicando nuestra capacidad de trabajo. De modo que el trabajo se convierte en una energía que aplicamos a la producción de bienes y servicios.

Y el trabajo, entendido en la dimensión humana, requiere, en mayor o menor grado, el concurso de la fuerza muscular y de la inteligencia. Cuando esta última interviene de manera muy moderada y complementaria, al trabajo se le denomina físico; y cuando la fuerza física no es lo esencial en el proceso productivo, le denominamos trabajo intelectual. Hoy en día, por la presencia en la producción de grandes desarrollos tecnológicos, la mayoría de nuestras energías se aplican al trabajo intelectual.
El trabajo es una ley universal de la vida y también se ha constituido en uno de los valores fundamentales de la dignidad humana. El trabajo es liberador respecto de las cadenas que impone la naturaleza, y conduce a los seres humanos por el camino de su independencia y de la relación con los demás. Con el trabajo los individuos se integran a la sociedad, al hacerse socialmente productivos.

Pero, lo que se produce tiene una determinada finalidad, un propósito y un valor.
¿De dónde sale el valor final de un producto? ¿De dónde sale la riqueza generada en el cambio de ese producto? El valor económico de un producto no se genera en el mercado, como la mayoría de las personas piensan. El valor económico se genera en el proceso de producción, en el cual interviene la energía humana para dar un nuevo valor a los factores intervinientes. Por tanto, el valor económico lo otorga el proceso de trabajo.

En el mundo de hoy, cualquier bien, cualquier producto, ha sido generado por el trabajo; esto es, mediante la intervención del ser humano en el proceso de producción. Todo trabajo útil presupone gasto de energías humanas, y el valor de estas energías, sumadas a los valores parciales de los demás elementos que intervienen en el proceso de producción, totalizan el valor del producto. De ahí que cuando el producto se inserta en el mercado y adquiere un precio, se produce un excedente económico.

El excedente económico es, pues, la proporción de la riqueza. Se genera por el menor valor pagado a la energía humana durante un determinado lapso de tiempo. En consecuencia, la riqueza no es más que el producto del trabajo humano. En la economía capitalista, la riqueza no es más que el resultado de la explotación del asalariado, porque el excedente económico es apropiado por quien posee el capital. En la economía cooperativa, la riqueza es el resultado del trabajo mancomunado y, por tanto, ha de ser apropiada por sus generadores.

El destino final del excedente económico ha sido el centro del debate social y político de los dos últimos siglos; las grandes divisiones y los más enconados conflictos entre los seres humanos se han producido en la puja por poseer el excedente económico. El cooperativismo de trabajo asociado se ha entendido como un medio de pacificación y de eliminación de conflictos, porque hace que la riqueza vuelva a su fuente de origen: los trabajadores.

Ahora que se presentan tantos detractores del modelo de trabajo asociado en Colombia, con propuestas como la de su eliminación del ordenamiento jurídico nacional, habrá que responderlas desde la ciencia económica, recordándoles que el cooperativismo es una fuente de justicia y de paz, y que los trabajadores –una vez entendida la verdadera dimensión de su esfuerzo- no se echarán atrás porque habrán redescubierto que son los verdaderos creadores de la riqueza de las naciones.

NOTA EDITORIAL
El Concepto Actividad Misional Permanente
Septiembre 5 de 2011
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El Régimen de Trabajo Asociado, un concepto poco comprendido en Colombia
Agosto 29 de 2011

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La Importancia del Cooperativismo de Trabajo Asociado
Agosto 22 de 2011

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Los Factores Diferenciadores del Cooperativismo
Agosto 16 de 2011

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Se avecinan vientos huracanados para el Cooperativismo de Trabajo Asociado en Colombia
 
Diciembre 1 de 2010
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