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El Cooperativismo y la Salud
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El Cooperativismo y la Salud
Mayo 24 de 2010
En los últimos tres años la gran crítica que se le hace al cooperativismo de trabajo asociado de Colombia, está directamente relacionado con su inserción en el mundo de los servicios de salud, como consecuencia de la transformación que esta actividad económica ha sufrido en el país. Por eso es indispensable, independientemente del diagnóstico que se pueda hacer del fenómeno, hacer claridad sobre la importancia de la intervención del cooperativismo en las áreas de la salud, aprovechando la reciente publicación de un texto sobre esta materia.
Muchos son los estudios realizados en torno al cooperativismo en el contexto de la salud en el mundo. Dirigentes cooperativos y profesionales de la salud han producido síntesis teóricas sobre estas prácticas concretas, en el marco de economías como la norteamericana y la española, haciendo posible la definición de las bases de adecuación del modelo cooperativo a los servicios de salud.
La cooperativa es una sociedad muy adecuada para operar en el sector salud, tanto si se compone de los profesionales de la salud como de los usuarios. La estructuración para el primer caso adquiere la fisonomía de una cooperativa de trabajo asociado; en el segundo, de una cooperativa de consumidores.
Si se parte de considerar que el cooperativismo –en sentido general– es un método de previsión humana que responde, principalmente, a las incertidumbres del porvenir, entonces la cooperativización de los servicios de salud resulta un ejercicio adaptado al modelo.
La fórmula cooperativa es plenamente adecuada a la finalidad que se propone cumplir el sistema de seguridad social y al espíritu con que se desea ejercer dicha prestación: esto es, una medicina colectiva y humanizadora en la cual el usuario sea atendido eficaz y eficientemente, y el profesional de la salud sea remunerado adecuadamente; una medicina no estatizada, moderna y con los desarrollos técnicos y tecnológicos a su alcance, gestionada por usuarios y especialistas.
La modernización de los servicios de salud implica un acuerdo entre usuarios y prestadores. Dicha relación sólo es posible alcanzarla en la asociación cooperativa. Los fracasos en los sistemas de salud operados en América Latina como consecuencia del traslado de la función de seguridad social que se ha venido haciendo desde las agencias estatales hacia los particulares, dan cuenta de esta aseveración.
En efecto, desde comienzos del siglo XX en toda América Latina se produjo una cultura de organización comunitaria para la atención de los servicios de salud, principalmente orientada por instituciones de beneficencia, sostenidas por pequeños grupos de personas pero que aseguraban la atención de la salud de los ciudadanos de menos recursos. Sin embargo, por efectos presupuestales y otras condiciones, la mayoría de los centros de salud fueron siendo asumidos por el Estado dentro de la óptica del llamado Estado benefactor. Pero esta lógica desapareció en las dos últimas décadas del siglo XX bajo el influjo de la ideología neoliberal.
Esta nueva política en materia de seguridad social y salud –en particular– se sostiene en tres estrategias:
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Privatizar los servicios a través de sociedades comerciales |
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Transferir a la persona (el ciudadano) la responsabilidad de proveer sus necesidades |
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Eximir al Estado de toda responsabilidad en cuanto a disposición de recursos, entregándole sólo la función de control sobre el sistema. La consecuencia obvia de tales estrategias ha sido la de convertir el derecho de las personas a disfrutar de la salud en un negocio lucrativo más. |
En los estudios realizados por la Alianza Cooperativa Internacional se ha podido determinar que en todos los países de América Latina la problemática es similar. En un lado, se encuentran las organizaciones que buscan lucrarse con la inversión en salud, entre las que se destacan las aseguradoras, las instituciones de medicina prepagada y las empresas promotoras de salud; en todas ellas, los directos beneficiados del proceso son los controladores del capital. En el otro ángulo, se encuentran los operadores del servicio, que incluyen los profesionales de la salud; operadores que asumen diferentes formas de organización: sociedades comerciales, instituciones de beneficencia, organizaciones comunitarias, organizaciones cooperativas o empresas de autogestión; siendo todos ellos los finales responsables del servicio y del costo del mismo.
Ante una situación como ésta, el cooperativismo –siguiendo su tradición universal– nuevamente se constituye en alternativa para ocupar el espacio usurpado a las comunidades o dejado por los sistemas públicos de salud o explotados por el capitalismo. En esta coyuntura se ha descubierto –por lo menos en algunos países– que el cooperativismo puede articularse al sistema de salud, haciendo una operación más ventajosa para la comunidad respecto de la que realizan las sociedades con fines lucrativos. Si una estrategia de este tipo pudiera adelantarse en América Latina, podría fácilmente atenderse las necesidades de las comunidades usuarias de servicios y eliminar el intermediario capitalista entre los enfermos, la enfermedad y los profesionales de la salud; y con base en el principio de la integración sería factible crear redes cooperativizadas que salieran al paso al comercio de la medicina.
Lo que ha de demostrarse en la coyuntura es que el cooperativismo cuenta con modelos adaptables y exitosos en esta materia, ya sea mediante la organización de los profesionales y trabajadores de la salud o de los propios consumidores del servicio. Por eso, es necesario asegurar la presencia del cooperativismo en la estructuración de los sistemas de seguridad social.
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El Cooperativismo y la Salud
Mayo 24 de 2010
En los últimos tres años la gran crítica que se le hace al cooperativismo de trabajo asociado de Colombia, está directamente relacionado con su inserción en el mundo de los servicios de salud, como consecuencia de la transformación que esta actividad económica ha sufrido en el país. Por eso es indispensable, independientemente del diagnóstico que se pueda hacer del fenómeno, hacer claridad sobre la importancia de la intervención del cooperativismo en las áreas de la salud, aprovechando la reciente publicación de un texto sobre esta materia.
Muchos son los estudios realizados en torno al cooperativismo en el contexto de la salud en el mundo. Dirigentes cooperativos y profesionales de la salud han producido síntesis teóricas sobre estas prácticas concretas, en el marco de economías como la norteamericana y la española, haciendo posible la definición de las bases de adecuación del modelo cooperativo a los servicios de salud.
La cooperativa es una sociedad muy adecuada para operar en el sector salud, tanto si se compone de los profesionales de la salud como de los usuarios. La estructuración para el primer caso adquiere la fisonomía de una cooperativa de trabajo asociado; en el segundo, de una cooperativa de consumidores.
Si se parte de considerar que el cooperativismo –en sentido general– es un método de previsión humana que responde, principalmente, a las incertidumbres del porvenir, entonces la cooperativización de los servicios de salud resulta un ejercicio adaptado al modelo.
La fórmula cooperativa es plenamente adecuada a la finalidad que se propone cumplir el sistema de seguridad social y al espíritu con que se desea ejercer dicha prestación: esto es, una medicina colectiva y humanizadora en la cual el usuario sea atendido eficaz y eficientemente, y el profesional de la salud sea remunerado adecuadamente; una medicina no estatizada, moderna y con los desarrollos técnicos y tecnológicos a su alcance, gestionada por usuarios y especialistas.
La modernización de los servicios de salud implica un acuerdo entre usuarios y prestadores. Dicha relación sólo es posible alcanzarla en la asociación cooperativa. Los fracasos en los sistemas de salud operados en América Latina como consecuencia del traslado de la función de seguridad social que se ha venido haciendo desde las agencias estatales hacia los particulares, dan cuenta de esta aseveración.
En efecto, desde comienzos del siglo XX en toda América Latina se produjo una cultura de organización comunitaria para la atención de los servicios de salud, principalmente orientada por instituciones de beneficencia, sostenidas por pequeños grupos de personas pero que aseguraban la atención de la salud de los ciudadanos de menos recursos. Sin embargo, por efectos presupuestales y otras condiciones, la mayoría de los centros de salud fueron siendo asumidos por el Estado dentro de la óptica del llamado Estado benefactor. Pero esta lógica desapareció en las dos últimas décadas del siglo XX bajo el influjo de la ideología neoliberal.
Esta nueva política en materia de seguridad social y salud –en particular– se sostiene en tres estrategias:
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Privatizar los servicios a través de sociedades comerciales |
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Transferir a la persona (el ciudadano) la responsabilidad de proveer sus necesidades |
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Eximir al Estado de toda responsabilidad en cuanto a disposición de recursos, entregándole sólo la función de control sobre el sistema. La consecuencia obvia de tales estrategias ha sido la de convertir el derecho de las personas a disfrutar de la salud en un negocio lucrativo más. |
En los estudios realizados por la Alianza Cooperativa Internacional se ha podido determinar que en todos los países de América Latina la problemática es similar. En un lado, se encuentran las organizaciones que buscan lucrarse con la inversión en salud, entre las que se destacan las aseguradoras, las instituciones de medicina prepagada y las empresas promotoras de salud; en todas ellas, los directos beneficiados del proceso son los controladores del capital. En el otro ángulo, se encuentran los operadores del servicio, que incluyen los profesionales de la salud; operadores que asumen diferentes formas de organización: sociedades comerciales, instituciones de beneficencia, organizaciones comunitarias, organizaciones cooperativas o empresas de autogestión; siendo todos ellos los finales responsables del servicio y del costo del mismo.
Ante una situación como ésta, el cooperativismo –siguiendo su tradición universal– nuevamente se constituye en alternativa para ocupar el espacio usurpado a las comunidades o dejado por los sistemas públicos de salud o explotados por el capitalismo. En esta coyuntura se ha descubierto –por lo menos en algunos países– que el cooperativismo puede articularse al sistema de salud, haciendo una operación más ventajosa para la comunidad respecto de la que realizan las sociedades con fines lucrativos. Si una estrategia de este tipo pudiera adelantarse en América Latina, podría fácilmente atenderse las necesidades de las comunidades usuarias de servicios y eliminar el intermediario capitalista entre los enfermos, la enfermedad y los profesionales de la salud; y con base en el principio de la integración sería factible crear redes cooperativizadas que salieran al paso al comercio de la medicina.
Lo que ha de demostrarse en la coyuntura es que el cooperativismo cuenta con modelos adaptables y exitosos en esta materia, ya sea mediante la organización de los profesionales y trabajadores de la salud o de los propios consumidores del servicio. Por eso, es necesario asegurar la presencia del cooperativismo en la estructuración de los sistemas de seguridad social.
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