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Ahora… cuando nos enfrentamos a un nuevo año, parece pertinente iniciar una reflexión seria y juiciosa sobre el porvenir del cooperativismo de trabajo asociado en Colombia.
Aunque los fuertes vientos que han amenazado la existencia de este sub-sector del cooperativismo en los últimos años aún se perciben en el ambiente, es cierto que la incertidumbre ha disminuido y la amenaza jurídica ha amainado.
Un número muy grande de cooperativas finalmente dieron cumplimiento a las alternativas de ajuste que exigió la norma legal, haciendo real la tesis de que este movimiento no puede detenerse y que hace parte integrante y fundamental de la economía colombiana y del propio conjunto cooperativo. Se puede decir que el cooperativismo de trabajo asociado ha pasado la prueba y ha ingresado en una nueva etapa de su devenir. En tal sentido, se trata ya de establecer innovadoras estrategias para su desarrollo, en las cuales tienen un papel protagónico los organismos de integración. Obviamente, como se ha advertido en múltiples oportunidades, habrá que estar al tanto de la evolución normativa y de la presentación de proyectos legislativos que quieren coartar su libre desenvolvimiento pero las tareas deberán centrarse en la formulación de estrategias de largo plazo, ya no en procura de la supervivencia sino en la búsqueda de una ordenada intervención económica y social.
La consolidación de su posición en el mundo económico, social y político colombiano, es el reto del cooperativismo asociado para los próximos años. Pero para lograrlo, deberá profundizar en la llamada alternativa de la Intercooperación. Esto es, un cooperativismo de trabajo asociado fortalecido en el futuro, tiene que pasar –inexorablemente- por el reconocimiento y la realización de múltiples, extensas e intensas prácticas de cooperación entre las cooperativas.
Es necesario recordar que un principio elemental para construir cooperativismo es el de la integración, entendido como el factor más importante para que se alcancen dimensiones más abarcadoras y se copen espacios diversos de la vida de los seres humanos. Pedagógicamente puede entenderse como una cadena que une los diferentes tipos de cooperativas para un apoyo mutuo.
El proceso de intercooperación ha sido una de las formas más eficaces para superar las graves limitaciones de un medio externo en transformación. Está conformado por tres grandes eslabones:
a) En el primero, los cooperativistas se unen para crear entidades de cobertura que permitan superar las carencias de las unidades económicas aisladas; carencias que se refieren principalmente a la comercialización de los productos, al financiamiento de sus procesos empresariales, a la educación y formación de las nuevas generaciones, a la respuesta a la necesidades de seguridad social de los cooperados y a la investigación y adquisición de tecnología.
b) En el segundo, las cooperativas se unen para formar acuerdos empresariales, geográfica o sectorialmente identificados, generando su propio desarrollo institucional y contribuyendo al desarrollo del territorio, transformando el aislamiento previo en unificación.
c) Finalmente, el movimiento cooperativo se adapta a las exigencias competitivas y demuestra eficacia, uniéndose en un plano más avanzado para lograr posicionamiento social y económico, copar espacios y desplazar las formas no solidarias de producción.
Todos los movimientos cooperativos, nacionales o regionales, deben atravesar por la etapa de la integración social y moral, pero en su consolidación han de alcanzar las fases de la intercooperación, partiendo del postulado de que una cooperativa tiene perdida la partida cuando se enfrenta aisladamente a un mundo que le pone grandes barreras a su desarrollo.
Muchas personas se preguntan: ¿Por qué el movimiento cooperativo colombiano no ha logrado protagonismo económico y social? Y la respuesta, es muy sencilla: Ello no se ha logrado porque no hemos avanzado hacia la conformación de grandes circuitos de intercooperación, debido a la permanencia de factores que han entorpecido el desenvolvimiento natural de este principio y, fundamentalmente, porque las operaciones y transacciones cotidianas no las realizamos ni las concebimos con unidades económicas propias del sector.
Por eso, mientras se mantengan los estados de aislamiento en el nivel transaccional y no se alcancen niveles de intercooperación apropiados, no se tendrá una estructura que le dé consistencia al movimiento cooperativo.
Ahora podemos poner los ojos en el porvenir sin pensar demasiado en los nubarrones que amenazan la estabilidad. Ahora es el momento de proponerse las mejores estrategias para asegurar el futuro, contando con que la más grande de ellas es la acción intercooperativa.
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